2/26/2010

Fundación de Santa Cruz de la Sierra (26 de febrero de 1561)


El 26 de febrero de 1561 es sin lugar a dudas la fecha de mayor significación de la historia cruceña, pues no sólo marca la fundación de la ciudad, sino también el inicio de lo cruceño. A partir de 1561 lo cruceño ha ido dejando su huella a lo largo del tiempo, ese conjunto de elementos de la cultura material y espiritual que ha creado el cruceño y que se plasma en documentos escritos y tradición oral, arte y artesanía, música y folclore, etiqueta y formas de decir, literatura, leyendas y tradiciones, etc.

En 1560 el virrey del Perú había creado la Gobernación de Moxos, que poco tiempo más tarde tomaría el nombre de Santa Cruz de la Sierra, su ciudad capital. Esta creación se había hecho a pedido de Ñuflo de Chaves, uno de los personajes más importantes e interesantes del proceso de descubrimiento y conquista del Cono Sur. La mente lúcida de Chaves le llevó a comprender que había llegado al mismo corazón del continente en busca de El Dorado. Chaves quiere enseñorearse en estas tierras, para lo que solicita la creación de una gobernación, que dependería de la recientemente creada Audiencia de Charcas. Para hacer realidad su sueño fundó una ciudad que sería la capital de la gobernación y a la que nombró igual que su aldea natal, en Extremadura. El bautizo de nuestra ciudad no es una mera casualidad; al contrario, nos muestra el amor que nuestro fundador tenía por el espacio en el que había nacido y es lícito pensar que es una de las herencias que nos ha legado.
Cuando Ñuflo de Chaves fundó Santa Cruz de la Sierra estaba llevando a cabo un acto de gran trascendencia histórica. La nueva fundación estaba llamada a jugar un rol protagónico en la historia de los pueblos del Cono Sur. Será la capital de la gobernación más extensa de la Audiencia de Charcas, sede de un obispado y prácticamente el único núcleo urbano importante durante una buena parte del período colonial. Cumple este rol protagónico que le había deparado la historia a cabalidad, a pesar de su pobreza y de la lejanía de los centros de poder. Es por eso que el historiador argentino Roberto Levillier dice que su historia es patética en su sostenido heroísmo.
Santa Cruz de la Sierra no es sólo la ciudad capitana en la inmensidad de la geografía del Oriente Boliviano; no es sólo la ciudad paridora de ciudades que se desangra en la conquista de su geografía; no es sólo la capital de los montes, como la llamó d’Orbigny el eterno enamorado, ni la ciudad de los espejos como la bautizó nuestro poeta mayor, sino que el hecho de su fundación —como luminosamente lo ha mostrado Humberto Vázquez Machicado— da inicio a lo que luego será la nacionalidad boliviana, pues incorpora casi el 60% del territorio de la Audiencia primero y de la república después. El hecho de la inmensidad de nuestro territorio ha hecho que los cruceños estemos en una íntima unión con la naturaleza. Se trata de una relación amorosa: la naturaleza nos da permanentemente el sustento, aunque a veces nos hace algunas malas pasadas. Es por eso que la tierra es un elemento de identidad tan importante para el cruceño.
Lo cruceño es la construcción que se ha hecho de nuestra identidad. Esta construcción se va haciendo a lo largo del tiempo y va creando elementos culturales y materiales que nos dan una fisonomía especial. Se trata de un proceso de mestización —como en todo el territorio americano— en el que hay dos grupos de protagonistas: las poblaciones aborígenes y los conquistadores y cuyo resultado es una cultura diferente. Parte de lo cruceño es la forma que tenemos los cruceños de mirar la vida: de frente y con optimismo, porque somos tremendamente pragmáticos. Es una mirada diferente que debe inundar todo el país en el que se debe gestar una nueva patria que quiere dejar atrás al boliviano viejo derrotado, llorón y pedigüeño. Lejos de cualquier parte, el cruceño siempre estuvo de pie con una mano en el arado y la otra en el fusil. Cuando los cruceños empezamos a salir de nuestro encierro, empezamos a mostrar al país el tipo de trabajo con el que hemos sobrevivido durante siglos y con el que construimos una nueva realidad económica para el país. En lugar de esperar que las cosas vengan de arriba hacia abajo, empezamos a hacerlas de abajo hacia arriba. Llegado el momento, después de las luchas cívicas, Santa Cruz de la Sierra creó los instrumentos adecuados para poder desarrollar la ciudad. A pesar de todo; de los tiempos difíciles que estamos viviendo; a pesar de las contradicciones, de la falta de dinero, de la falta de trabajo por lo que tanta gente se va afuera, la alegría sigue siendo una característica fundamental del cruceño. Se pierde la alegría y se pierde lo cruceño. Cuando digo alegría no me refiero a la alegría del animal sano que se carcajea, sino al sentido de mirar la vida con optimismo, a pesar de los pesares.
Nuestra ciudad tiene un “duende” especial que hace que cuantos la conocen se enamoren de ella irremediablemente. Es una historia que se repite en miles de casos, desde el francés d’Orbigny hasta el caso más reciente que cada uno de nosotros conocemos. Ese “duende” hace, entre otras cosas que sea una ciudad hospitalitaria –“es ley del cruceño la hospitalidad”— que ha aprendido a convivir con los recién llegados. Encuestas que se han hecho en los últimos tiempos muestran nuestra ciudad como una de las menos discriminadoras del país. La belleza de nuestras mujeres ha traspasado nuestras fronteras, ya lo mencionaron Castelnau y d’Orbigny en el siglo XIX. A la belleza física se suma el coraje y el ocupar un lugar cada vez más importante en la vida departamental y nacional, no por un cumplir con “cuotas”, sino por su propio peso específico. Finalmente, creo que es conveniente y oportuno mencionar nuestra forma de hablar. Aunque vivimos permanentemente bombardeados por los medios que ponen en peligro esa forma tan peculiar de hablar el castellano, este es uno de los orgullos que tenemos los cruceños y que debemos preservar porque hace parte de nuestra identidad.
Poco a poco los cruceños hemos aprendido a asumir nuestra mesticidad. Nos ha costado, como al resto de los bolivianos, pero lo estamos consiguiendo. Esto nos está ayudando para aumentar la autoestima. Asimismo nos dimos cuenta de que no sólo había que buscar el bienestar material, sino el espiritual. Empezamos a bucear dentro de nosotros mismos y nos encontramos con la cultura chiquitana, que gracias a una iniciativa local (desde abajo hacia arriba) UNESCO la declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad. Más tarde ocurrió lo mismo con el sitio prehispánico de Samaipata y el Parque Noel Kempff.
Para este proceso de asumir nuestra mesticidad nos han ayudado nuestros creadores. A fines del siglo XIX surgió en Santa Cruz de la Sierra una escuela historiográfica que ha hecho importantes aportes a nivel regional y nacional, con nombres que van desde Gabriel René Moreno pasando por los hermanos Vásquez Machicado, Enrique Finot, Hernando Sanabria Fernández y un largo etcétera. En los inicios de esta escuela historiográfica los cruceños lanzaron el Memorándum de 1904 en el que se plantea de manera clara y luminosa una visión de país.
Aunque nuestros creadores, en la mayor parte de los casos, son ignorados en las antologías nacionales y en los textos oficiales de enseñanza, estamos enormemente orgullosos de Raúl Otero Reiche, Alfredo Flores, Rómulo Gómez, Óscar Barbery Justiniano y un largo etcétera. En este etcétera no puedo dejar de mencionar a doña Gladys Moreno, que es la voz de la canción popular del oriente boliviano. Digo esto porque ha pasado a la inmortalidad.
En Santa Cruz de la Sierra se realizan los festivales culturales más importantes del país y con resonancia internacional: Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca “Misiones de Chiquitos”, Festival Internacional de Teatro “Santa Cruz de la Sierra”, Festival Iberoamericano de Cine. A partir de los 80 Santa Cruz empieza a producir sus propios libros. Seguimos siendo importadores de material bibliográfico, pero poco a poco producimos para satisfacer nuestras necesidades y estamos saliendo de las fronteras departamentales La Feria Internacional de Libro en poco tiempo se ha convertido en tal vez la más importante muestra bibliográfica del país.
Esto no es más que un pálido reflejo de lo que es Santa Cruz de la Sierra, la ciudad que hoy festejamos en su 449 aniversario. La ciudad cuya historia sigue siendo patética en su sostenido heroísmo; la ciudad que necesita de todos y cada uno de nosotros para seguir siendo fiel a sí misma; la ciudad, que como bella mujer que es, necesita ser amada, pero no sólo de palabras sino con obras. La ciudad que nos urge a decir nuestra palabra, como dice el español Hierro en estos acertados versos

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4 comentarios:

Fender

Un espectaculo, que hermosa entrada, me gusto mucho... Es cierto que santa cruz siempre fue marginada de todo bolivia y es por eso ese orgullo camba de saber que sin ayuda de nadie, solo nostros mismos hicimos de santa cruz la metropolis que es....

Te amo santa cruz!!

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